FABRICA DE ARTE CONTEMPORÁNEO

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Cuando esta Casa Teatral cumplió 50 años me encontré pensando en cómo celebrar ese recorrido con memoria, sin nostalgia y generando nuevos proyectos. ¿Qué nuevos desafíos podían alentarme?
Quería algo que fuera más allá del teatro -eje central desde ayer y para siempre de mi carrera profesional- y con el mismo foco: vincular la cultura con el esparcimiento familiar y el aporte a la vida en comunidad.

Cuando di el puntapié inicial, mis padres estuvieron implicados. Ahora también aparecen en escena Miguel y Juanita Rottenberg.

Mi papá no hace tanto que se fue físicamente. Sin embargo sigue presente en cada decisión importante.
Dejó muchas cosas, pero sobre todo dejó un modo de pensar y sentir la familia, el valor del trabajo conjunto y una manera de mirar el futuro, muchas veces más adelantada que la de cualquier joven.
En casa siempre convivieron pequeñas rarezas que hoy recuerdo con afecto.
Yo, hijo de ellos, soy Rottemberg con “m”. Me siguió mi hermana, también con “m”. Cuando nació la tercera de nosotros (en cartel teatral “la tercera por orden de aparición”) ya fue con “n”.
Mis viejos habían tenido tiempo suficiente para darse cuenta de que un apellido podía escribirse sin obedecer la regla de la “m” antes de la “b”. En definitiva, el idioma no era tan rígido y la familia tampoco. Menos aún el devenir de las industrias culturales.

Con los años fueron llegando otros “cómplices familiares” al desarrollo de nuevas ideas. Mi hijo Tomás, obviamente con “m”, también productor teatral con una mirada más actualizada que la mía; el multifacético hermano de mi padre, Enrique Rottenberg, que vive entre Israel, España, Cuba y Argentina, cineasta, escritor, fotógrafo es el gran responsable de unir a todos los Rotten/mberg dispersos en cinco países y dedicados al arte en el proyecto de la FAC. Porque en ese camino aparece también la artista Mika Rottenberg, hija de Enrique.
Mika que vive en Nueva York. Sus obras mezclan cuerpos, máquinas, producción y poesía en una lógica que no siempre se entiende, pero siempre deja huella.
Mika expone en el MoMA, en la Tate, en el Guggenheim de Bilbao, entre otros reconocidos espacios en el mundo consolidándose como una de las artistas más influyentes de su generación. Mi sobrina Dana Heiber suma su experiencia en danza y teatro físico, ampliando la mirada del proyecto hacia nuevas formas de gestión y producción cultural.

De esa construcción interdisciplinaria conjunta nació la FAC, algo que podría llamarse “By Rotten/mberg”.

¿Y qué es la FAC?
Es la Fábrica de Arte Contemporáneo.
La palabra fábrica es casi una provocación. Es un espacio en el que exhibiremos lo más contemporáneo del arte internacional y local. Fotografía, arte digital, videoarte y performance. Obras recientes, muchas veces hechas hace meses, no décadas.
Arte de hoy. Un espacio que pretende crear arte sin fronteras. Nuestra familia comparte una misma sensibilidad, tiene que ver con la importancia de la cultura en el mundo. Quizás por eso pensamos la FAC como una casa abierta, sin pasaportes y sin aduanas. A diferencia de lo que el mundo no artístico vive hoy.

Así como durante cincuenta años acercamos escenarios al público, hoy queremos acercar al público a los artistas. Convocarlos desde distintos lugares del mundo y presentar sus obras más recientes, pero ahora en Buenos Aires.

La FAC busca ser un espacio vivo, en movimiento. Un lugar donde distintas disciplinas convivan como lo que son: parte de una misma familia. En el fondo, la Fábrica de Arte Contemporáneo es una idea muy sencilla: mirar el presente con atención.

Desde octubre de 2026 la FAC es una realidad.

Queda en Argentina.
Queda en Buenos Aires.
Queda en San Telmo.
Nos vemos allí.